Mario Borio, uno de los promotores de la postulación que llevó a la Estancia Jesuítica de Alta Gracia a ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, recordó en diálogo con Radio Alta Gracia cómo fue el proceso que comenzó hace un cuarto de siglo.
Borio admitió que, en aquel momento, el equipo que inició las gestiones tenía escasa experiencia en trámites internacionales. “Cuando empezamos sabíamos poco del tema —luego nos fuimos instruyendo— y no conocíamos a nadie, no teníamos contactos. Mucha gente no confiaba en nosotros”, señaló.

La iniciativa fue impulsada por Borio, acompañado por su esposa Lucille Barnes y por Noemí Lozada de Solla —quien residía en el edificio que hoy funciona como museo—, entre otras personas que se sumaron al proyecto. Para avanzar con la postulación contrataron al arquitecto e historiador Carlos Page, quien aportó el soporte profesional necesario. “Primero habíamos pensado sólo en Alta Gracia y luego fuimos agregando al resto de las estancias de Córdoba”, recordó.
El impulsor destacó que el objetivo inicial era revertir la situación de deterioro y falta de proyección que vivía la ciudad. “Queríamos sacar a Alta Gracia del fracaso en el que estaba inmersa”, dijo. Según Borio, la declaración de la UNESCO marcó un cambio profundo: “El tema del patrimonio se estableció como una política de Estado y se comenzó a trabajar como un producto turístico internacional”.
El reconocimiento internacional no solo reforzó el valor histórico de las estancias jesuíticas, sino que impulsó el desarrollo turístico, generando mayor visibilidad y un significativo crecimiento en la llegada de visitantes.